Cuando los hombres sienten que han agotado todos sus recursos, que han llegado al término de todas sus posibilidades innatas y que no pueden resolver ni manejar los problemas y condiciones que enfrentan, suelen buscar a un Intermediario divino y al Mediador que abogue por su causa ante Dios y logre su salvación. Buscan un Salvador.
Esta doctrina de Mediadores, Mesías, Cristos y Avatares, abunda en todas partes y puede ser trazada como un hilo dorado que atraviesa todos los credos y Escrituras del mundo, relacionándolos con una fuente central de emanación. Incluso el alma humana es considerada el intermediario entre el hombre y Dios; incontables millones de seres humanos creen que Cristo actúa como el divino Mediador entre la humanidad y la divinidad.
Todo el sistema de revelación espiritual está basado –siempre lo ha estado- en la doctrina de la interdependencia y la vinculación planificada, ordenada y consciente, y en la transmisión de energía desde un aspecto de la manifestación divina a otro des de Dios que se halla en el "Lugar secreto del Altísimo", hasta el más humilde ser humano que vive, lucha y padece en la tierra.
En todas partes existe esta transmisión de energía; Jesús lo ha dicho: "Yo he venido para que ellos puedan tener vida", y las Escrituras de todo el mundo hablan repetidamente sobre la intervención de algún Ser, originario de una fuente más elevada que la estrictamente humana. Siempre ha aparecido el mecanismo apropiado a través del cual la divinidad puede llegar a comunicarse con la humanidad, y la doctrina de los Avatares, o "Seres divinos que vienen" tiene que ver con esta comunicación y estos Instrumentos de energía divina.